Este lunes 17 de septiembre nos despertó el sonido escalofriante de sirenas, el Hotel del Lago y su casino, se estaban incendiando y al llegar al lugar la sensación que me vino fue de una tremenda impotencia frente a la inmensidad del fuego. No quedó nada del casino y al parecer el hotel hay que demolerlo por completo. Las imágenes se me han venido una y otra vez y los recuerdos de muchos momentos en su excelente restaurante “El Almendro”, me llenan de nostalgia.
Debo reconocer que la buena mesa es mi debilidad y el Almendro era sin duda el más destacado de Pucón, al cual había concurrido en innumerables ocasiones desde su inauguración hace 10 años. Lamento profundamente esta pérdida y me quedan muchas preguntas por la magnitud de lo ocurrido y de la manera en que se desencadenaron los hechos. Obviamente Pucón no estaba preparado para un siniestro de estas características y lo más preocupante es que en los últimos años las construcciones en altura han proliferado en la ciudad y los más de 30 edificios están absolutamente indefensos a la ocurrencia de un incendio por sobre tres pisos. Lo primero que me viene, es en las medidas que tendremos que tomar frente a la precariedad de nuestro Cuerpo de Bomberos, lo cual quedó de manifiesto, sin desmerecer su abnegada labor, pero aquí se necesitan mucho más recursos y no sólo buena voluntad. Las rifas no compran un camión con escalera telescópica, el cual es urgente, más bien tenemos un gran desafío como comunidad, pues esta vez no hubo vidas que lamentar, pero no podemos quedar indiferentes a hechos que pueden volver a ocurrir.
Luis Felipe Braithwaite |